Vivimos en un mundo, en donde, a través de la tecnología (redes sociales, teléfono, televisión), los niños necesitan cada vez más estímulos. Estos estímulos, a través de los aparatos electrónicos les llegan cada segundo, lo cual repercute en que cada vez se concentren menos y pierdan la atención de los pequeños detalles de las actividades que se desarrollan en la escuela y sobre todo de querer aprender la palabra de Dios.